A continuación un extracto de un reciente artículo de Pedro G. Cuartango para reflexionar:
"Al volcarnos hacia el mundo, perdemos nuestra propia identidad. De ahí la necesidad del silencio y la reflexión. Mi experiencia personal es que cuantas más cosas intento llevar a cabo, cuantos más libros leo o cuantos más proyectos abarco, se agudiza esa sensación de que la vida se nos escurre como el agua entre las manos.
Ya no aspiro a esa entelequia que llamamos felicidad pero si a un cierto equilibrio emocional que no renuncio a encontrar."
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"Tat twam asi" Ese eres tú
¿Cómo tratamos a los demás? ¿Cómo nos vemos con respecto a los demás? Qué sería más satisfactorio en esa relación con los demás? De igual a igual, ni más, ni menos...
Realmente buenos los ejemplos de este vídeo del monje vietnamita Thich Nhat Hanh:
Citando a Hermann Hesse:
Hay respuesta a la pregunta, dónde situar nuestro Ego? En el término medio está la virtud decía Aristóteles... otro buen tema sobre el qué indagar!
Realmente buenos los ejemplos de este vídeo del monje vietnamita Thich Nhat Hanh:
Citando a Hermann Hesse:
"Si los versículos del Nuevo Testamento no se toman como mandamientos, sino como manifestaciones de un conocimiento extraordinariamente profundo de los secretos de nuestra alma, la palabra más sabia que se ha pronunciado jamás, el breve resumen de todo el arte de vivir y toda la doctrina de la felicidad es aquella frase: «Ama a tu prójimo como a ti mismo», que por otra parte ya se halla en el Antiguo Testamento. Se puede amar al prójimo menos que a uno mismo —y entonces el hombre es egoísta, codicioso, capitalista, burgués, y aunque amontone dinero y poder, no puede tener el corazón alegre y le están vedadas las satisfacciones más delicadas y exquisitas del alma—. O bien se puede amar al prójimo más que a sí mismo, y entonces el hombre es un pobre diablo, repleto de complejos de inferioridad, lleno del ansia de amarlo todo, y, sin embargo, lleno también de rencor hacia sí propio, viviendo en un infierno cuyo fuego atiza diariamente. ¡En cambio, el equilibrio del amor, el saber amar sin sentirse nunca culpable, este amor hacia sí mismo que no se roba a los demás y este amor hacia los otros que no reduce ni violenta al propio Yo! El secreto de toda la felicidad, de toda la bienaventuranza está contenido en esta frase. Y si se quiere, también puede uno volverse hacia el lado hindú y darle esta interpretación: ¡Ama a tu prójimo, pues es tú mismo!, una traducción cristiana del tat twam asi. ¡Ah, toda la sabiduría es tan sencilla, ha sido expresada y formulada hace ya tanto tiempo y con tanta exactitud y claridad! ¿Por qué sólo nos pertenece de vez en cuando, sólo en los días buenos? ¿Por qué no siempre?"
En el Balneario (Hermann Hesse 1953)
Hay respuesta a la pregunta, dónde situar nuestro Ego? En el término medio está la virtud decía Aristóteles... otro buen tema sobre el qué indagar!
El yo material (Ego) Vs El yo inmaterial (Espíritu)
Texto perteneciente a una carta escrita por Hermann Hesse a un lector, recopilada en el libro Mi Credo.
“Usted habla del “Yo” como si fuera una cantidad conocida y objetiva, lo cual precisamente no es. En cada uno de nosotros hay dos Yoes, y si alguien supiera dónde comienza el uno y termina el otro, seria infinitamente sabio.
Cuando observamos un poco a nuestro Yo subjetivo, empírico, individual, vemos que se muestra muy caprichoso y variable, que depende mucho de las influencias externas. Por consiguiente, no podemos confiar mucho en él, y aun menos convertirlo en nuestro modelo y nuestro portavoz. Este "Yo" no nos enseña absolutamente nada, aparte de que somos, como dice tan a menudo la Biblia, una raza débil, altanera y cobarde.
Pero existe además el otro Yo, oculto tras el primero, mezclado con él, pero inconfundible. Este segundo Yo, sublime y sagrado (el atman de los hindúes, que usted equipara a Brama), no es personal, sino nuestra parte de Dios, de la vida, del todo, de lo impersonal y ultra personal. Entregarse a este Yo, seguirle, siempre vale la pena. Pero resulta difícil, porque este YO eterno es silencioso y paciente, mientras que el otro Yo es impaciente y ruidoso.”
“Usted habla del “Yo” como si fuera una cantidad conocida y objetiva, lo cual precisamente no es. En cada uno de nosotros hay dos Yoes, y si alguien supiera dónde comienza el uno y termina el otro, seria infinitamente sabio.
Cuando observamos un poco a nuestro Yo subjetivo, empírico, individual, vemos que se muestra muy caprichoso y variable, que depende mucho de las influencias externas. Por consiguiente, no podemos confiar mucho en él, y aun menos convertirlo en nuestro modelo y nuestro portavoz. Este "Yo" no nos enseña absolutamente nada, aparte de que somos, como dice tan a menudo la Biblia, una raza débil, altanera y cobarde.
Pero existe además el otro Yo, oculto tras el primero, mezclado con él, pero inconfundible. Este segundo Yo, sublime y sagrado (el atman de los hindúes, que usted equipara a Brama), no es personal, sino nuestra parte de Dios, de la vida, del todo, de lo impersonal y ultra personal. Entregarse a este Yo, seguirle, siempre vale la pena. Pero resulta difícil, porque este YO eterno es silencioso y paciente, mientras que el otro Yo es impaciente y ruidoso.”
Hermann Hesse (Mi credo)
La Paz mundial a través de la paz interior
Este fragmento escrito por el Dalai Lama es capaz de sintetizar tanto con tan pocas palabras... una versión más espiritual del conocido "Think global, Act local"
"Solo se puede lograr la Paz mundial a través de la transformación interna del individuo; es un proceso difícil pero es la única vía. Así lo expreso dondequiera que voy y me conforta ver que gente con distintos modos de vida acogen positivamente mi mensaje. La paz debe de desarrollarse en primer lugar dentro del individuo. Es más me asiste el convencimiento de que el amor, la compasión y la generosidad son los fundamentos básicos de la paz. Sólo cuando esos sentimientos germinan en el interior de un individuo, éste o ésta son capaces de crear una atmósfera de paz y armonía. Esta atmósfera puede ser ampliada y difundida del individuo a la familia, de la familia a la comunidad y finalmente al mundo entero."
Dalai Lama (Prólogo del libro Hacia la Paz Interior, de Thich Nhat Hanh)